|
 
Si había armas de
destrucción masiva
Publicado en
Asturias Liberal: 24/03/05
La intervención militar de los EEUU y
sus aliados en Irak, iniciada ahora hace dos años,
significa, sobre todo, el triunfo de la democracia.
Tras la caída del tirano, la lucha firme contra los
terroristas, el éxito de las elecciones y la
progresiva formación del nuevo gobierno democrático,
Irak está iniciando su camino hacia la libertad. El
odio de la izquierda mundial contra la democracia
norteamericana -y en especial contra el Partido
Republicano de EEUU- se va quedando ya sin
argumentos por mucho ruido que quieran hacer. En
España, el desgobierno socialista ya se ha encargado
de manipular negativamente el éxito de estos dos
años de EEUU y sus aliados en Irak.
Sigue siendo nauseabundo presenciar
cómo la televisión pública y el dinero de los
contribuyentes se usa para la demagogia y el
sectarismo, para pagar a enviados especiales en EEUU
tan mediocres como falseados. Como ya no quedan
argumentos para cuestionar el éxito cada vez más
claro de la coalición liderada por EEUU en Irak, se
vuelve a la carga con las alusiones a la mentira de
Bush sobre las armas de destrucción masiva. Se
insiste en que tales armas no se han encontrado, mas
eso no niega su existencia. Porque existieron, sin
duda. Existieron porque hasta la justicia holandesa
ha tenido que imputar estos días a Frans van Anraat
por complicidad en genocidio al haber vendido a
Sadam Husein miles de toneladas de materias primas
para fabricar gas nervioso y mostaza en los años
ochenta. Ambos fueron utilizados por el
dictadorzuelo en su guerra contra Irán y en el
genocidio contra la población kurda iraquí en
Halabja.
Los tribunales holandeses reconocen,
además, la existencia de indicios suficientes que
confirman cómo Sadam Husein siguió usando los mismos
productos en los años posteriores y con las
artimañas de “Alí el Químico”, antiguo responsable
del asesino programa iraquí. Por eso Van Anraat
estuvo amparado siempre por el dictador. La fiscalía
holandesa no ha podido tampoco esconder que las
heridas sufridas por los supervivientes kurdos
fueron causadas por “tiodiglicol”, un producto para
fabricar gas mostaza. Estos y otros datos del
sumario prueban la realidad de un verdadero programa
de guerra química iraquí que incluía armas de
destrucción masiva, fueran o no las mismas a las que
se refirió el gobierno norteamericano.
Porque existieron.
A nadie puede caberle ya ninguna duda
de que Sadam Husein utilizó armas químicas de
destrucción masiva contra su propio pueblo. En
Halabja están las consecuencias de tales armas. Cada
una de las cinco mil lápidas de mujeres, ancianos y
niños gaseados y masacrados por esas armas confirma
su existencia. Otras diez mil personas más
resultaron heridas y arrastran todavía terribles
secuelas físicas y mentales. El buen talante de
Zapatero y Moratinos merece una visita a esas pobres
gentes para convencerles bajo pancarta de que
realmente no había armas de destrucción masiva en
Irak.
|