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Todos
contra Bush
Publicado en
Asturias Liberal: 07/11/04
La demagogia antiamericana tiene a
George W. Bush en el punto de mira de sus ataques.
En los ochenta no pudo desbancar a Ronald Reagan y
el Muro de Berlín acabo derrumbado. En los noventa,
esa demagogia se frenó coincidiendo con la pasiva
política internacional realizada por Bill Clinton,
despreocupado ante los avisos que el terrorismo iba
mandando contra EE.UU. ya desde el bombardeo del
World Trade Center en 1993. De la pasividad de
Clinton nos acaba de dar puntual cuenta su asesor
personal, Dick Morris, en ¨Because He Can¨, un libro
de necesaria lectura. A inicios del siglo XXI, y en
medio de lo que es la Tercera Guerra Mundial, la que
tantos no quieren ver, la nueva consigna del
antiamericanismo es ¨Todos contra Bush¨. Y en ese ¨todos¨,
no podía faltar el antiamericanismo español, el de
la derecha antiliberal que aún llora el ¨desastre
colonial¨ y el de la izquierda millonaria de
pancarta. Lean eso de las sospechas electorales que
plantea La Razón o las sectarias opiniones de Soros
o Chomsky en El País o en El Periódico.
Lean la editorial del domingo en El
Mundo titulada ¨Hay que votar a Kerry para evitar
que Bush repita¨. Su lectura muestra el lamentable
antiamericanismo, en su vertiente antibushista, que
es recurrente ya en la mayoría de los medios de
comunicación españoles. Desde la otra orilla, y en
noche de Halloween, resulta difícil explicar la
ceguera y el sectarismo con el que se hace frente a
tan importante cuestión. El editorial de El Mundo
ejemplifica esa obsesión no sólo ya apuntando contra
Bush, sino también indirectamente contra los
millones de norteamericanos que siguen todavía
votándole y que, al parecer, no pueden ser otra cosa
que ineptos o iletrados. Y eso que El Mundo, junto a
su portada dominical elevando a Kerry a las alturas,
pide el voto para el senador aun afirmando de él que
¨no es un hombre brillante¨.
Bien leído, el texto resulta más
propio de un panfleto propagandístico que de una
evaluación reposada y rigurosa de la situación. Se
mezclan las acusaciones a Bush como ¨el peor
presidente desde los tiempos de Hoover y la Gran
Depresión¨ con los elogios a Kerry como hombre de
¨trayectoria personal y política intachable¨. Pero
el editorialista ni ilustra ni ejemplifica una sola
de sus afirmaciones, sino que se limita a emplear
una ristra demagógica que quienes vivimos aquí
identificamos como sacada de la misma campaña
electoral de Kerry.
Porque pura demagogia es afirmar que
en el programa de Kerry aparece ¨la supresión de la
pena de muerte¨: no es así. Falsa demagogia es
hablar de su ¨extensión de la sanidad pública¨, sin
explicar que eso no se puede lograr sin subir los
impuestos, cosa que Kerry ha prometido que no hará,
aunque cuesta creerlo. Triste demagogia es escribir
de la ¨discutible victoria de hace cuatro años¨ de
Bush, como si la decisión del Tribunal Supremo de
los EE.UU. en el año 2000 no fuera legal. Simple
demagogia es culpar a Bush del ¨antiamericanismo en
el mundo¨ porque no es así tampoco como bien explicó
ya, entre otros, Jean-Françoise Revel en ¨La
obsesión antiamericana¨. Vana demagogia es hablar
del ¨gravísimo error de invadir Irak¨, como si el
mundo estaría hoy más seguro con Sadam Hussein en el
poder y no en la cárcel. Fracasada demagogia es
hablar de las ¨imaginarias conexiones¨ del
terrorismo internacional con Sadam Hussein, pues
tales conexiones han quedado ya demostradas, no sólo
en el Informe de la Comisión del 11-S (léase bien),
sino en libros como el del periodista Stephen F.
Hayes ¨The Connection.
How Al Qaeda´s Collaboration with
Saddam Hussein Has Endangered America¨.
En esta retahíla contra Bush, no
faltan las notas del ecologismo más trasnochado, con
la mención de unos acuerdos tan inoperantes como los
de Kioto, aunque El Mundo nos recuerde que los ha
firmado ya Rusia, con lo que uno imagina el modelo
de país que se juzga como ejemplo. Lo mismo
podríamos decir de los ataques al ¨Patriot Act¨,
tergiversados al gusto antiamericano y haciendo
eufemismo de los terroristas de Guantánamo. No falta
tampoco la típica acusación de la reducción de
impuestos a los ricos en detrimento de los pobres,
sin explicar los últimos datos del IRS ni de la
fiscalidad norteamericana donde el 80 % de los
impuestos federales son pagados por el 20% de la
población que más ingresa.
No caeremos en la trampa de defender
aquí los logros de Bush. Baste decir que la bolsa de
Wall Street apuesta y desea mayoritariamente su
reelección. Tampoco es necesario dar aquí cuenta de
las razones por las que el último Premio Nóbel de
Economía (profesor en mi misma universidad) ha
apoyado las políticas fiscales de Bush y sus
recortes como medio de activar la economía. El
propio lector puede consultar los recientes y
acertados análisis económicos en varios artículos
durante el mes de octubre en el Wall Street Journal
destacando la acertada labor económica de Bush y a
pesar del déficit. El índice del paro hoy en EE.UU.
está por debajo del que dejó Bill Clinton y las
cifras del PIB y del crecimiento (4.8 % sólo en el
último año) son de las mejores en los últimos años.
Y todo eso en un país que en los últimos tres años
ha sufrido el mayor ataque terrorista de su historia
y ha tenido que ganar dos guerras ante la pasividad
de la mayoría de los europeos y la salida cobarde de
Irak de la España socialista.
Hubiera sido más deseable que El
Mundo explicase su decisión de apoyar a Kerry a
través de la demostración de sus logros y no a
través de los que juzga subjetiva y demagógicamente
como defectos de su oponente. No entraremos al trapo.
La sonrisa, el talante y el diálogo del que se
acompaña Kerry o el ¨test global¨ del que él habló
en sus debates deberían sonarles bastante a los
españoles, tan dados últimamente a su propio
gobierno del diálogo, del talante o de la alianza de
civilizaciones. Sabemos que en torno a la mitad de
la población votante en EE.UU. apoyó en el año 2000
a Bush y lo apoyarán de nuevo en el 2004. Esa cifra
supera con mucho el número de habitantes en España.
Resulta difícil creer que todos esos norteamericanos
se equivocaron una vez y ahora se vuelven a
equivocar votando al ¨mesiánico¨ Bush. Quien aquí
vive entiende las razones de su voto. Quien aquí
vive sabe también que el voto de los hispanos será
lo que tenga que ser pero no precisamente por la
editorial de El Mundo. Lo curioso es que, si uno
hace caso de los estragos que, según su editorial,
ha ido cometiendo Bush en EE.UU., cabría preguntarse
cuántos hispanos podrán acceder a internet y leer
pagando y por suscripción El Mundo.
Pura demagogia.
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