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¿El reino de los cielos?
Publicado en
Asturias Liberal: 06/05/05
Se
estrena ahora en España la película El reino de
los cielos (Kingdom of Heaven) del
director y productor inglés Ridley Scott. En su
gusto por la línea épica, la cinta aprovecha la
popularidad del actual debate político, cultural e
ideológico entre Islamismo y Cristianismo para
contarnos la historia de un joven herrero que
defiende Jerusalén a fines del siglo XII. Convertido
en caballero armado, se enamora de una princesa y…
no les cuento el final. Ridley Scott se sirve del
tema de las Cruzadas y del motivo de los Caballeros
Templarios, tan de moda ahora tras el éxito de El
Código Da Vinci. La película está plagada de
estrellas en su reparto (Orlando Bloom, Liam Nelson,
Eva Green y un veterano como Jeremy Irons). Desde
Hollywood se ha calificado ya el filme como “una
lección de historia fascinante”. La cinematografía y
los escenarios bélicos (a cargo de John Mathieson)
resultan espectaculares. Pero poco más. Porque el
problema de esta nueva entrega de Ridley Scott es la
tergiversación histórica y la obsesión por presentar
a los musulmanes como pueblo pacífico frente a un
falso extremismo radical de los cristianos.
Los cristianos aparecen siempre como violentos,
intransigentes malignos y guerreros. Los Caballeros
Templarios son casi una banda de asesinos, maleantes
y criminales enriquecidos en nombre de Cristo.
Quienes conocen la verdadera historia de esta Orden,
saben que tal no es el caso, sino más bien todo lo
contrario. Por eso es de risa escuchar a Ridley
Scott afirmar que esperaba demostrar con su película
la posibilidad de que cristianos, árabes y judíos
puedan vivir en armonía. Pero eso -claro está y
según las escenas- siempre que los cristianos dejen
de ser tan fanáticos e intransigentes. Por eso
encontramos en la película un perfil amabilísimo y
entrañable de quien fuera históricamente un nefasto
tirano llamado Saladino. Por eso, en el fondo, el
intento de Ridley Scott y los cantamañanas
anticristianos de Hollywood es popularizar el falso
mensaje de la intolerancia del Occidente
judeo-cristiano frente a los siempre santos y
pacíficos árabes. Estamos ante una producción
diseñada para que el público poco enterado se
pregunte si acaso el problema entre el mundo
islámico y Occidente no lo habrá causado realmente
el imperialismo occidental, tendente siempre al
racismo, al colonialismo, al extremismo cristiano… O
sea, la misma pataleta de la progresía más inculta
en lo que es la historia real de las civilizaciones.
Para eso sirven 150 millones de dólares que ha
costado la producción. Para eso sirven muchas de
estas películas “históricas” de Hollywood y su
cuadrilla de “tolerantes” de la izquierda más
anticristiana y manipuladora. Afortunadamente, un
historiador del valor de Jonathan Riley-Smith,
estudioso e investigador de la época de las Cruzadas
no ha podido dejar de calificar la película como
tamaña farsa y auténtica basura. Lo mismo, otro
reconocido historiador como Jonathan Philips, nos
recuerda que en aquella época ni los judíos ni los
cristianos que vivieron bajo el dominio árabe fueron
jamás tratados como iguales, ni con los mismos
derechos como ciudadanos. Menos mal que el avisado
espectador podrá comprobarlo en los libros de
historia. O mejor, al comparar en la actualidad el
tratamiento feroz contra un cristiano o un judío en
Palestina frente a la libertad de culto de un árabe
en Israel. Y al revés, el trato de un judío o un
cristiano en Irán hoy con el que se le concede a un
árabe, por ejemplo, en EEUU.
Los españoles conocemos muy bien
estos problemas porque tenemos un pasado histórico
con presencias árabes, judías y cristianas. Por eso
ha sido justamente en el Castillo de Loarre (Huésca)
y en otros lugares de España donde se han rodado
distintas escenas de esta película. Aun así, Scott
afirmó en Madrid que el cine sirve también para
entender mejor la Historia. El problema es saber
contar esa Historia, no reinventarla. Compren la
entrada aunque sólo sea para ver la escenografía,
para reírse un rato con los diálogos y para
comprobar si no será realmente Zapatero el guionista
en vez del tal William Monahan.
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