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La demagogia
socialista llega hasta Nueva York
Publicado
en Asturias Liberal: 05/05/04
Un honrado manchego, catedrático de
universidad, que vive y trabaja en Nueva York y a
quien conozco desde hace algunos años por nuestra
relación universitaria me escribe varios mensajes.
Está indignado por mis artículos en la prensa y me
dice que acaba de leerlos todos con gran sorpresa.
Desde el respeto a mis ideas, prosigue, no puede
estar de acuerdo conmigo en nada de lo que digo
contra la izquierda socialista. Me asegura que la
derecha española no ha sabido aceptar la derrota en
las urnas. Le respondo que la prueba de que ha
sabido aceptar esa derrota, incluso aguantando la
manipulación del imperio mediático de PRISA/PSOE, es
que Zapatero fue investido como presidente. No hace
falta que le cuente nada de los “agujeros negros” de
los que dio cuenta Múgica en ejemplar artículo en El
Mundo o del “Manifiesto de la Gran Vía”. Afirma este
catedrático que la derrota del PP es merecida por
una política de ordeno y mando y absoluto desprecio
hacia la soberanía popular y al diálogo que debe
regir la política en las naciones democráticas. Le
respondo que los ciudadanos votan a sus gobernantes
para que éstos desarrollen su labor en el congreso y
voten en función de mayorías representativas. Eso es
lo que hizo el gobierno de Aznar en España, elegido
en el 2000 por mayoría absoluta por la ciudadanía
que es, a fin de cuentas, el pueblo soberano. Por
eso, y a pesar de no gobernar ya la derecha española
siguen contando con casi 10 millones de votos. Al parecer, este catedrático entiende
que el diálogo democrático ha de ser, como hace
ahora el PSOE, con partidos que –como ERC- no
respetan la Constitución Española, que hablan con
los terroristas en Perpignan y que pactan con ellos
para asesinar en España, pero no en Cataluña. Me
asegura este conocido que con el PP se ha producido,
o al menos había comenzado, una vuelta a ciertas
actitudes e ideas propias del franquismo: una imagen
de la España grande y libre del ideario fascista,
que veía como antiespañoles a todos los que no
comulgaban con ellos. Le vuelvo a responder que con
el PP se produjo una defensa de la Constitución
Española, votada por abrumadora mayoría por los
ciudadanos del Reino de España en 1978. Uno de los
artículos de esa Constitución dice que España es
indivisible. Esas son las reglas del juego
democrático. Quien las rompe, quiebra la ley. Por
eso, partidos como Batasuna son ilegales. Pero no
porque lo diga el PP, sino porque lo dice la ley, y
lo ampara nuestra Constitución y nuestro estado de
derecho. Pasa luego a recordarme mi
corresponsal que en la lucha contra ETA nuestro
máximo apoyo lo hemos tenido en Francia y que este
apoyo comenzó con Mitterrand. Le digo que Miterrand,
como ha demostrado la historia, fue un saqueador del
erario público, igual que los socialistas de Felipe
González que, por cierto, son el modelo del gobierno
de hoy en España. Le digo que medite en el hecho de
que si hubieramos tenido tanto apoyo como él piensa
por parte de Francia, hoy no habría terrorismo
etarra en España y es posible que el islámico –vía
Marruecos- tampoco. Le recuerdo que cuando la banda
terrorista se ha empezado a desmantelar casi
totalmente ha sido cuando Estados Unidos empezó a
ayudar a España. Basta mirar si no la caída en pique
del terrorismo etarra desde la masacre del 11-S y el
consiguiente apoyo norteamericano. En cuanto a la
ayuda de Francia a España, le remito a Perejil y a
la posición gala en el conflicto, siempre de parte
del antiguo protectorado. Me asegura este manchego
residente en Nueva York que gran parte de la
modernización de España la llevó a cabo el PSOE. Le digo que haga memoria, y que nos
pregunten a nosotros dos, a él y a mí, catedráticos
de universidad en Estados Unidos, que nos cuenten lo
mucho que modernizó el socialismo la universidad
española… Le digo que tanto la modernizaron, tanto y
tan bien que gente como él o como yo jamás hemos
podido volver y obtener una plaza (ni siquiera de
profesor titular) en la universidad española. El
sabe, como yo, que en las oposiciones se ha
favorecido casi siempre la endogamia y el amiguismo.
Y no hace falta que le recuerde lo que nos hicieron
a él y a mí en una oposición en la Universidad de La
Rioja hace ahora algunos años, estando aún vigente
esa ley socialista. No cuesta mucho esfuerzo hacerlo,
ni recordarle a mi colega que a los dos nos pusieron
la fecha del primer ejercicio de oposición varios
días después del acto de presentación a fin de que
por cuestiones de tiempo tuviéramos que volvernos
los dos a Estados Unidos: él a su universidad en
Nueva York y yo a la mía en Arizona, sin poder
participar siquiera, sin dejarnos hablar siquiera.
No cuesta mucho insistir en que al final esa plaza
se la concedieron a un profesor de instituto tan
mediocre como falto de publicaciones que ahora está
metido hasta el cuello en el PSOE riojano. Todo esto,
le digo a mi colega, es gracias a esas leyes
modernizadoras de su amado PSOE, como la Ley de
Reforma Universitaria de 1983 que el PP sólo pudo
cambiar hace bien poco a pesar de la oposición
socialista. Me dice también este manchego que, sin
ser él socialista, cree que los principios de este
nuevo gobierno muestran un espíritu dialogante.
Confieso que he de darle la razón a mi colega: el
socialismo tiene un gran talante y un gran diálogo;
el problema es que su diálogo es con todos,
incluidos los terroristas, con todos siempre que
vayan contra la derecha del PP, el único partido que
defiende sinceramente la idea constitucional de una
España indivisible. Tengo para mí que a mi colega no le
gusta leer lo que yo escribo. En otro mensaje me
repite que ha leído con estupor mis nuevos artículos
y que le parece que mi apasionamiento derechista me
ha llevado a distorsionar una parte importante de la
realidad española. Reconoce que al menos está de
acuerdo conmigo en que Saddam Hussein era un
dictador asesino. Se lo agradezco y no esperaba
menos de un tipo educado como él. Pero luego me
recuerda que entre un 80-90 % de los españoles se
opusieron a la guerra de Irak y a la intervención
española. Me dice que este dato se lo pasó por el
arco del triunfo el democrático presidente Aznar. Le
digo a mi colega que ese dato no se apoya en ningún
referéndum democrático, que es lo único que tiene
legitimidad. Claro está que mi amigo se olvida de
que la Guerra de Irak empezó ya en 1991, estando
Felipe González de presidente y siendo él quien
envió soldados también. Se olvida mi colega que en
el 2003 esa misma guerra todavía seguía con un alto
el fuego, y bajo mandato de Naciones Unidas de que
Irak cumpliera las resoluciones de la ONU. Al no
hacerlo, en 2003 se continuó con lo iniciado en
1991. Por eso, no son dos guerras distintas sino la
misma guerra. Me dice también mi colega que el
gobierno Aznar se ha caracterizado por un desprecio
absoluto a todos aquéllos que no pensaban como él,
calificados de antiespañoles. Y luego irónicamente
me dice si me suena ese calificativo. Le digo que
claro que me suena, y mucho, porque en mis años
universitarios por Cataluña -en lo que hoy se llama
Universitat Rovira i Virgili (nombre de otro
mediocre ensayista antiespañol)- conocí a muchas
gentes que odiaban a España. Por eso, para mí
“antiespañol” es todo aquel que va contra la unidad
de España respetada por la Constitución; todo el que
no cree en el más básico de sus artículos: la
indivisibilidad de España; todo el que pacta directa
o indirectamente con los terroristas que asesinan a
los ciudadanos libres de España, vengan de donde
vengan. En cambio, le aclaro a mi colega manchego,
españoles son para mí los que como él y como yo
podemos tener ideas diferentes pero amamos España y
la queremos ver unida para progresar juntos hacia un
futuro de libertad y justicia para todos. La idea de
España que pide el PP es la que está en la
Constitución, no otra, la que está en el Estado de
Derecho. Por eso, el 63% de personas a los que se
refiere mi colega y me dice que no han votado al PP,
son votantes de un pupurri de partidos políticos con
varios líderes que, como Maragall, Carod Rovira,
Llamazares y tantos otros…. no se sienten españoles
ni en el fondo ni en la forma. Es más, odian a
España. Son justamente eso: todo menos españoles,
pero usan las reglas de la España democrática y
constitucional para ir contra ella o para obligar a
mi sobrina, que vive en Cataluña, a aprender catalán
y a memorizar pronto que el Ebro desemboca en
Tortosa pero nace en un país extranjero. En el
antiespañolismo están las gentes que no creen en
España ni en su Constitución, ni en nuestro Rey ni
en nuestra democracia. Por eso algunos, como
Ibarretxe, se ausentan –como hoy- de un acto
castrense con el Rey o los sindicatos comunistas y
socialistas salen a la calle el 1 de mayo con
cualquier bandera, incluida la de la II República,
con tal de que no sea la española. Finalmente, me dice este colega que
no quiere entrar en la política económica, en el
mercado laboral, en la vivienda y en las pensiones y
me asegura que la propaganda oficial del PP recuerda
esa doble realidad (la oficial y la real) que
existía en la antigua Unión Soviética. En lo
económico, le respondo, ahí están los números para
que los revise él mismo, como hoy, por ejemplo,
donde son ya 17 millones los españoles que cotizan a
la Seguridad Social o como los datos más recientes
que muestran cómo aumenta la riqueza de las familias
españolas tanto en activos reales como financieros.
En lo de la propaganda soviética, le confieso que
nada está más cerca del comunismo y el Agit-Prop que
los partidos con los que está gobernando en
coalición el PSOE. En fin, no le digo ya más porque
veo que la demagogia socialista llega hasta Nueva
York, lo invade todo, hasta las mentes claras y bien
intencionadas de este honrado manchego. Como él,
aquí y allá, son legión los que no ven claro. Por
eso hay que seguir escribiendo y defendiendo la
libertad. |








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