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EE.UU.
o la verdadera democracia
Publicado en
Asturias Liberal: 02/09/04
Con la excepción de los medios de
comunicación de siempre
–que
son sólo unos pocos-, en España se informa al uso
que más convenga y se tergiversan las informaciones
y valoraciones de lo que pasa en Estados Unidos. Se
manipula, por ejemplo, lo que está siendo la
Convención Nacional del Partido Republicano
norteamericano. Pese a lo que los medios más
cercanos a la izquierda (anti)española, o sea, casi
todos- van contando, la realidad es inapelable: esta
Convención del partido que lidera George W. Bush
está siendo un ejemplo de lo que debe ser toda
verdadera democracia. En la madrugada española del 1
de septiembre el senador demócrata, Zell Miller,
acaba de dar un discurso frente a la base social del
liberalismo conservador norteamericano defendiendo
la necesidad de reelegir a Bush por el bien de la
libertad y la democracia en el mundo y como único
medio para vencer la guerra global contra el terror.
Que un senador del partido opuesto a
Bush defienda públicamente la política del actual
presidente norteamericano es, sin duda, un signo de
la fuerza de esta verdadera democracia que vertebra
y alienta la vida pública y política en Estados
Unidos. Nada más lejos del sonsonete tan repetido en
España y en Europa de que en Estados Unidos los dos
partidos son lo mismo. Porque no lo son y porque
basta vivir aquí para verlo y entenderlo. Y si no,
ahí están las diversas opiniones entre el candidato
Kerry y el presidente Bush sobre aspectos cruciales
de la vida pública, desde Irak a temas económicos de
fiscalidad o sociales desde la educación a la
medicina.
Por eso resulta tan ejemplar la
acción del senador demócrata por Georgia, Zell
Miller. No estamos ante ningún chaquetero de la
calaña política europea, y menos aún de la española.
Miller no es ningún vendido ni tampoco un mequetrefe:
es un hombre honesto que desde su fidelidad al
Partido Demócrata contempla libre el paisaje de la
historia con la certeza de que estamos ante tiempos
difíciles, ante una guerra lanzada por el terror
asesino contra la libertad: de Nueva York a
Jerusalén y de Tel Aviv a Madrid…
El senador Miller fue gobernador de Georgia a
inicios de los noventa. Allí realizó una excelente
labor que llevó a la capital de ese estado, Atlanta,
a alcanzar magníficas mejoras tanto en
infraestructuras como en la renta per cápita de sus
ciudadanos.
No sería malo que los españoles
pudieran escuchar íntegro el breve discurso de este
senador de apenas veinte minutos-, un discurso capaz
de ver claro al margen de partidismos e ideologías.
Miller, como el pueblo norteamericano, entiende que
la raíz de nuestra existencia última se apoya en la
libertad. Su defensa requiere de esfuerzos, de
constancia y trabajo, no de retirada de tropas ni de
diálogos imposibles con asesinos.
Claro está que no conviene contarles
mucho a los españoles de qué va todo esto de la
democracia americana, no sea que comparen despacio
lo que está sucediendo esta semana en la Convención
Republicana en el Madison Square Garden de Nueva
York con lo que va pasando en España desde el el
11-M. El julio tan vergonzoso que nos sirvió la
mutilada e incompetente Comisión del 11-M. nos
obliga a escuchar y ver este tipo de gestos de
hombres como Miller, al margen de partidismos
sectarios y alienadores. Las bombas estivales desde
Galicia a Cantabria pasando por Asturias nos obligan
a pedir más de los políticos en España. Pero parece
un imposible. ¿Imaginan a Zaplana hablando en el
Congreso del PSOE? ¿O a Rubalcaba elogiando la
política de Aznar en el próximo Congreso del PP?
Esos y otros muchos son los
imposibles de la democracia española, los imposibles
de un país cada vez más quebrado y escindido donde
todo vale para obtener un escaño, donde todo es
mérito menos enfrentarse a defender la verdadera
libertad y la mayor necesidad de España: la unidad
de una nación bajo una Constitución votada por la
inmensa mayoría del pueblo soberano. La unidad, en
fin, en una empresa común para mejorar una España
con un pueblo lleno de talento y una juventud
necesitada de ejemplos de fuerza moral y defensa de
la libertad, igualdad y fraternidad. Para eso, sin
embargo, hace falta creer en la verdadera democracia
y en la dignidad del ser humano: la misma dignidad
de que carecen buena parte de los políticos de la
pseudo-democracia española.
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