Todo menos crear empleo

En cualquier sociedad moderna resulta fácil observar si se dan políticas de creación o de destrucción de empleo. Estados Unidos se encuentra a día de hoy en la peor recesión de su historia desde los tiempos de la Gran Depresión. Sin embargo, esta recesión se ha hecho todavía mayor y más peligrosa desde que se empezaron a poner en práctica las políticas económicas de la administración Obama.

Los datos económicos objetivos muestran que Estados Unidos vive hoy bajo un sistema de creciente aumento del desempleo debido a erráticas políticas económicas que impiden la creación de puestos de trabajo en nuestra nación. Los conocidos fracasos en el ámbito laboral de muchos países europeos se deben a su equivocado culto a la forma socialdemócrata de entender la economía de mercado.

Eso es lo que diferenciaba a Estados Unidos de otros países en el mundo donde el intervencionismo y el Gran Gobierno controlaban y siguen controlando la vida de los ciudadanos. Desgraciadamente, el presidente Obama nos ha metido en un laberíntico modelo socialdemócrata que, como su paralelo europeo, no lleva a otra cosa que a la inevitable destrucción de empleo.

La cosmovisión del actual inquilino de la Casa Blanca prueba una general oposición al sector privado y refleja un peligroso seguimiento de las ideas de pensadores radicales como Saúl Alinsky, así como de economistas que ponen más énfasis en el Gran Gobierno que en el individuo. De ahí surge la obsesión por aumentar las cargas fiscales a quienes crean empleo: los propietarios de negocios, emprendedores, inversores e innovadores. Y de ahí nace también la imposición de absurdos controles y excesivas regulaciones gubernamentales a negocios y empresas que acaban por atar las manos del ámbito privado.

En el sector energético, por ejemplo, la moratoria para extraer petróleo lanzada por la administración Obama ha resultado catastrófica al generar una salida de puestos de trabajo de nuestro país a otros lugares del mundo. Los empleos en las plataformas petrolíferas que deberían haber ido a los ciudadanos de Luisiana están hoy ya en Egipto y aun en el Congo. Por lo mismo, la reciente aprobación de la reforma financiera por parte del Congreso -controlado por los demócratas- generará más pérdida de empleo en Estados Unidos.

En lugar de aprender de los errores del pasado, la administración Obama y los líderes demócratas se han empeñado en volver a las fallidas prácticas de la era Carter a finales de los años setenta. Son los mismos errores de falta de creación de trabajo que ciudades como Detroit sufrieron durante años. En el ámbito estatal, estados dominados por políticos demócratas como Nueva York o California ejemplifican el modo en el que la subida de impuestos acaba con el empleo.

Frente a ello, otros estados como Texas, con políticas favorables al sector privado y a la reducción de carga fiscal, propician el éxito laboral y la creación de puestos de trabajo. Algunos gobernadores como Rick Perry en Texas, Mitch Daniels en Indiana, Tim Pawlenty and Minnesota, Haley Barbour en Mississippi, Sonny Perdue en Georgia o Bobby Jindall en Louisiana son paradigmáticos del modo en que sí es posible crear empleo.

Para ello hacen falta políticas económicas y laborales adecuadas. Sobran, pues, maquillajes de datos y números que desde el gobierno federal no contabilizan siquiera a los norteamericanos que han desistido ya en buscar otro trabajo y a quienes, por lo tanto, no se les incluye como desempleados. En último término, la realidad laboral es lamentablemente la que es y millones de norteamericanos están ya hoy sin trabajo por culpa de erráticas políticas desarrolladas por Obama, Pelosi y Reid.

Nuestra gran “ética del trabajo” estadounidense se está intentando sustituir por un sistema donde lo que menos importa ya es el trabajo y menos aún la ética; un sistema donde la responsabilidad individual y la iniciativa privada se quieren sustituir por más burocracia, más impuestos y más exigencias sindicales. Todo ello acaba por maniatar la creación de empleo y pone en gran riesgo nuestro presente y futuro como nación.

Newt Gingrich es ex presidente de la Cámara de Representantes de Estados Unidos y Alberto Acereda es catedrático universitario y director de contenidos de “The Americano”.

Acerca de Alberto Acereda

Al margen de su cátedra universitaria y su labor investigadora y docente en Estados Unidos, en el campo periodístico es autor de numerosos artículos y columnas de opinión política en varios diarios y medios de comunicación europeos y estadounidenses. Director del diario digital “The Americano”, es también habitual en el programa “Es la noche de César”, con César Vidal. Colabora con varios think-tanks a nivel transatlántico y es miembro del Goldwater Institute de Phoenix y la Heritage Foundation de Washington, D.C.

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