Derechos laborales para los caballos de Nueva York

De todos es conocida la devastadora situación económica que ahora mismo sufren dos de los estados más importantes de la Unión norteamericana: California y Nueva York. En ambos casos, se trata de estados controlados durante muchos años por legisladores demócratas poco dados a la responsabilidad individual en materia económica. Aun así, si en el primer estado el gobernador es un ex-actor republicano sólo de nombre, aunque de prácticas afines a la progresía. En la ciudad de Nueva York, su alcalde es otro de esos republicanos ”independientes”.

Así se explica que entre tanto socialdemócrata y progres de derecha, hace apenas dos semanas el ayuntamiento de la ciudad de Nueva York aprobara varias normas que uno pensaría se iban a enfocar en la mejora de la situación económica de los ciudadanos. Sin embargo, en el habitual sonrojo ideológico de estos gobernantes y políticos a la violeta, la prioridad no son los ciudadanos sino los caballos de las carrozas que pasean por los alrededores de Central Park.

La ciudad neoyorquina aprobó varias normas para que dichos caballos tengan establos más grandes, cinco semanas de vacaciones al año y prendas para protegerlos del frío y la lluvia. Los activistas obsesionados con la protección a los animales habían venido exigiendo durante mucho tiempo que las carrozas que circulan por el Central Park dejaran de funcionar. Ante ello, y en medio del caos económico y las subidas de impuestos en Nueva York, a los concejales de la ciudad parece preocuparles más lo de los dichosos caballos y sus carrozas, según prueba el voto a favor de 43 concejales y sólo el de 4 en contra.

Los defensores de los derechos laborales de los cuadrúpedos argumentan que son importantes para el turismo y que los caballos que tiran de ellas deben ser tratados bien. Casi mejor que los ciudadanos, añadamos nosotros, abrasados en Nueva York a impuestos y regulaciones de todo tipo. Porque por si esto fuera poco, la iniciativa también reclama que se realicen mejoras en la seguridad de las carrozas. Así, dichas carrozas deberán tener ahora frenos de emergencia y materiales reflectores. También deberán estar equipadas con sistemas para recolectar el estiércol de los caballos. Otros quieren prohibir dichas carrozas porque los caballos están siendo, según ellos, esclavizados.

La consecuencia de todo esto es que en lugar de favorecer el turismo, a los caballos, las carrozas y los sufridos empleados, los paseos turísticos serán más caros y pasarán de 34 dólares la primera media hora a 50 por los primeros 20 minutos. Entretanto, la economía de Nueva York va de mal en peor, con cifras inauditas de desempleo. Los impuestos suben y los ricos de la ciudad -que son los que pagan casi todos los impuestos y los que precisamente pasan de esos caballos y sus carrozas- se acaban yendo a otros estados. Por si hubiera dudas, el alcalde de Nueva York, Michael Bloomberg, ya ha expresado varias veces su apoyo a la iniciativa y se espera que en estos días la firme.  Todo sea por los caballos y los chuliprogres.

Acerca de Alberto Acereda

Al margen de su cátedra universitaria y su labor investigadora y docente en Estados Unidos, en el campo periodístico es autor de numerosos artículos y columnas de opinión política en varios diarios y medios de comunicación europeos y estadounidenses. Director del diario digital “The Americano”, es también habitual en el programa “Es la noche de César”, con César Vidal. Colabora con varios think-tanks a nivel transatlántico y es miembro del Goldwater Institute de Phoenix y la Heritage Foundation de Washington, D.C.

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