Descalificando a los ciudadanos

Las movilizaciones de millones de norteamericanos en contra de la agenda política de Obama no son manifestaciones estériles dirigidas por políticos de turno en la oposición, como suele ser el uso en otras partes del mundo. Esa ciudadanía espontánea norteamericana, unida ahora bajo el llamado movimiento del “Tea Party”, está reclamando su voz y su representación. Al poner en evidencia a la administración Obama, la respuesta es el intento de ridiculizar a esos ciudadanos, difamarlos y pintarlos como lo que no son.

Así se explica que la izquierda socialdemócrata gobernante en Estados Unidos, la Casa Blanca y los medios de comunicación amigos han venido lanzando una campaña difamatoria para denigrar a los participantes en las manifestaciones de los “Tea Parties”. Repetidamente se les presenta errradamente como sectarios, racistas, homófobos, alienados, disconformes y toda la lista del libreto progre del insulto. Hay ya hasta una abyecta página web dedicada a boicotear estas movilizaciones reclutando energúmenos que se disfracen e infiltren en esas marchas y hagan alguna barbaridad haciéndose pasar por uno de los miembros de los movimientos del Tea Party. El creador de la página resulta que era un profesor de instituto en Oregon que empleaba su puesto para ello, apoyado por una secta progre tan antidemocrática como patética.

En los medios de comunicación obamitas (la llamada MSM –“Mainstream Media”, que poco tiene de “mainstream” y mucho de sectarismo), la cosa se disimula un poco pero en el fondo busca lo mismo: descalificar permanentemente a los miembros de los Tea Parties y presentarlos como grupos extremistas, violentos y peligrosos. Anda ahora circulando un vídeo en el que una de estas presentadoras progres de la cadena NBC, Kelly O´Donnell, le preguntaba a un norteamericano negro que integraba el Tea Party si no se sentía atemorizado al ver que había muchos blancos y escasos negros en esas marchas. La respuesta espontánea de ese hombre, Daryll Postell, puso en evidencia el complot mediático al responderle a la locutora: “No, señora, no me siento incómodo. Esta es mi gente. Somos todos americanos”.

Tras un año de movilizaciones por parte de los Tea Parties y conforme pasan los meses se va comprobando que la realidad es bastante otra de la que se ha querido dar y hasta el New York Times, en una encuesta con la CBS, tuvo que reconocer en un artículo esta semana pasada que los integrantes de estos Tea Parties son norteamericanos representativos de la media y que, además, tienen una educación alta y están muy bien informados. En otra encuesta de Rasmussen Reports, quedó también probado que los hombres y mujeres que participan de estas movilizaciones no son únicamente votantes del Partido Republicano, sino una mezcla de ciudadanos de voto independiente y hasta votantes del Partido Demócrata, decepcionados ya con Obama, Pelosi y Reid.

Lo lamentable de todo esto es que esta semana pasada hasta el propio presidente Obama (que debe ser el presidente de todos los norteamericanos) se dedicó a ridiculizar a estos ciudadanos, algunos de los cuales le votaron. El pasado jueves, Obama dijo irónicamente que “le divertían estas movilizaciones” y que en lugar de protestar deberían “darle las gracias”. La arrogancia de Obama tuvo, además, la secuela de otro ex presidente demócrata, Bill Clinton, cuyo legado sigue mostrando más sombras que luces, como cuando también esta semana quiso alertar maliciosamente sobre una potencial violencia de estos ciudadanos de los Tea Parties, al hilo del decimoquinto aniversario del ataque terrorista de Tim McVeigh en Oklahoma en 1995.

El lector puede intentar adivinar qué mujer en la política pronunció esta frase en Estados Unidos: “Estoy harta y cansada de la gente que dice que si se debate y se está en desacuerdo con esta administración, de algún modo no se es patriota, y deberíamos levantarnos y decir que somos norteamericanos y que tentemos el derecho a debatir y estar en desacuerdo con cualquier administración”. ¿Lo adivina? No, no es Sarah Palin. La frase es de la propia esposa de Bill Clinton, de Hillary Clinton, pronunciada a gritos en abril de 2003 en Connecticut como feroz ataque por entonces a la administración de George W. Bush. Ahora las tornas han cambiado y, al parecer, ni a los Clinton ni a Obama les gusta ese derecho ciudadano de los Tea Parties a poder expresarse en libertad. Por eso los pintan de todo menos de lo que son: ciudadanos honrados que ejercen su derecho a la libre expresión.

La izquierda norteamericana debería aplicarse el cuento porque, mande quien mande, la democracia representativa estadounidense no se limita a elegir a unos representantes políticos a nivel local, estatal y nacional para dejarles hacer lo que les venga en gana. Cuando la ciudadanía norteamericana siente que sus representantes no están cumpliendo con su deber, se movilizan. Eso es lo que están haciendo.

Acerca de Alberto Acereda

Al margen de su cátedra universitaria y su labor investigadora y docente en Estados Unidos, en el campo periodístico es autor de numerosos artículos y columnas de opinión política en varios diarios y medios de comunicación europeos y estadounidenses. Director del diario digital “The Americano”, es también habitual en el programa “Es la noche de César”, con César Vidal. Colabora con varios think-tanks a nivel transatlántico y es miembro del Goldwater Institute de Phoenix y la Heritage Foundation de Washington, D.C.

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