El error antiamericano
En sus múltiples variantes y geografías, el odio a Estados Unidos se ha convertido ya en el nuevo deporte mundial, practicado en su mayoría por gentes que en muchos casos desconocen la realidad norteamericana. Los análisis y argumentos del antiamericanismo se caen por sí solos cuando se analizan y comparan los hechos y cuando se observa el papel que Estados Unidos ha jugado en favor de la libertad humana a lo largo de la historia. El error antiamericano radica en satanizar hechos o figuras concretas y olvidar lo que significa en sí la tradición del país más libre y más próspero de la tierra. La metáfora deportiva, desarrollada ya por John Gibson en su libro Hating America, se enmarca en una amplia bibliografía existente ya sobre el antiamericanismo en el mundo y en línea con lo que ya expuso brillantemente J.F. Revel sobre la obsesión antiamericana o Bruce Bawer en otros ensayos. La propaganda antiamericana es también para muchos un modo de generar ingresos económicos, un estilo de vida que permite a ciertos “intelectuales” vivir del antiamericanismo, según prueban los casos de Barrie Zwicker, Thierry Meyssan o Noam Chomsky.
En el caso particular de España, la idea de Estados Unidos se ha estereotipado de tal modo que todavía pervive en muchos lugares el error antiamericano. Se leen textos y se escuchan voces de personas en España que sin apenas haber pasado un tiempo en Estados Unidos se presentan como especialistas de la cultura y la vida norteamericana. Sus análisis y sus posicionamientos resultan a menudo carentes de un mínimo conocimiento de lo que es, por ejemplo, la vida cotidiana y política en Estados Unidos. Con honrosas y escasas excepciones, en buena parte de los medios de comunicación y prensa en España, incluidas las agencias de noticias, se desafina la misma canción antiamericana reescribiendo informaciones plagadas de errores y generalidades. Todo esto importa poco e interesa menos pues, al fin y al cabo, el yankee no merece más.
Algunas encuestas muestran a España como el país más antiamericano de Europa. Afortunadamente, la mayoría de la derecha española ha superado ese sarampión, proveniente de 1898, cuando se miraba a Estados Unidos como nación protestante, analfabeta, controlada por la banca judía y ligada a una filiación masónica visible en sus Padres Fundadores y aun luego en varios presidentes. Por otro lado, la izquierda española sigue desgraciadamente enfrascada en la visión marxista –refrita de socialdemocracia- que contempla a Estados Unidos como un entramado imperial dedicado a explotar a los países humildes y a sus clases trabajadoras. Sobre esa errónea premisa, el gobernante socialismo español ha perpetrado en los últimos años los errores más graves de la política exterior española en democracia. Al presentarse como valedores de un europeísmo reacio a Washington, España ha perdido credibilidad, sobre todo cuando los nuevos gobernantes en Francia y Alemania han estrechado lazos claros con Washington.
El error antiamericano, tanto en España como en el resto del mundo, es ver por la mirilla estrella a personajes concretos y hechos puntuales como reveladores de lo que en su conjunto y en su historia significa Estados Unidos. No hace falta vivir demasiados años en la sociedad norteamericana para darse cuenta de que estamos ante la nación más democrática y mejor organizada del planeta, la que ofrece al ciudadano la posibilidad de gozar la mayor libertad en todos los órdenes de la vida, donde se ofrece el más amplio respeto a la igualdad de oportunidades y, en último término, donde concurren las mejores fórmulas para avanzar en la prosperidad del individuo y de su sociedad. Estados Unidos acaba de cumplir 231 años de democracia liberal, una tradición democrática que –con sus errores y aciertos- es negada y atacada sistemáticamente cada día por los frentes más antiliberales del planeta, desde el socialismo de caviar de la España actual hasta la tiranía castrista, pasando por los asesinos del terrorismo yihadista y sus acólitos degolladores.
A quienes siguen viendo la paja en el ojo ajeno y a quienes desdeñan el noble impulso norteamericano en favor de la libertad, les convendría vivir unos años en Estados Unidos. Les ayudaría también dedicar un tiempo a conocer la labor realizada por varias agencias federales, como la labor llevada a cabo en los últimos cuarenta años por la Agencia de los Estados Unidos para el Desarrollo Internacional (USAID). Gracias a órganos como éste, pagados por todos los contribuyentes norteamericanos, así como por otros de iniciativa privada, Estados Unidos sigue siendo el país que –a enorme distancia- sigue proporcionando desarrollo económico y ayuda humanitaria y médica en todo el mundo. Lo mismo cabe decir en cuanto al liderazgo norteamericano en la protección y asistencia a los refugiados y las víctimas de los conflictos siendo Estados Unidos el principal donante de todos los organismos internacionales y los incluidos en Naciones Unidas, desde el ACNUR a la Cruz Roja y otras causas. Por eso, frente al antiamericanismo rampante que se quiere vender al mundo, las realidades son otras y hace falta contarlas de forma completa y en su más honesta verdad.

